domingo, 6 de abril de 2014

Retratos

Lucian Freud:
Lucian Freud (Berlín, 8 de diciembre de 1922 – Londres, 20 de julio de 2011)1 fue un pintor y grabador británico, considerado como uno de los artistas figurativos más importantes del arte contemporáneo.2

Luego de haberse iniciado en el surrealismo en su juventud, se convirtió tras la Segunda Guerra Mundial en uno de los principales representantes de la pintura figurativa inglesa. Especializado en retratos, estos suelen excluir la expresión de sentimientos y los personajes representados aparecen bajo una fuerte luz, y con una carnalidad muy perceptible en el caso de los desnudos.3

Recibió la Orden del Mérito del Reino Unido.
Sus padres fueron el arquitecto Ernst Ludwig Freud (1892–1970) y Lucie («Lux») Brasch (*1896). Era nieto de Sigmund Freud. Tuvo dos hermanos, el escritor y parlamentario Klemens Raphael Freud (1924) y el editor Stephan Gabriel Freud (1921). Su sobrina, Emma Freud, es una prominente productora de radio británica.

En 1933, cuando Lucian tenía solo 11 años de edad, el padre de Lucian, Ernst Freud, tuvo que emigrar con su familia a Londres, Reino Unido. La emigración ocurre motivada por la llegada de Hitler al poder. Ernst Freud fue luego quien organizó la recepción de los abuelos de Lucian, en 1938: Sigmund Freud y Martha Bernays quienes llegaron junto a su hija (tía de Lucian) Anna.4 Lucian recibió la nacionalidad británica en 1939. Durante este período estudió en el Dartington Hall School en Totnes, Devon, y después en el Bryanston School.

Lucian Freud fue un gran amigo del pintor expresionista figurativo Francis Bacon, desde 1959 y hasta su muerte 1992. Las obras de Lucian, particularmente los variados retratos de la madre, suelen describirse como las más importantes representantes de la escuela neofigurativa inglesa.5

Durante un breve período estudió en la Central School of Art de Londres y después con mucho éxito en la Escuela de Pintura y dibujo Cedric Morris's East Anglian, en Dedham. Se alistó como marino mercante en un convoy del Atlántico Norte en 1941, antes de serle invalidado su servicio en 1942.

En 1943, El editor ceylanés Tambimuttu comisionó al joven artista para ilustrar un libro de poemas de Nicholas Moore, titulado The Glass Tower.

En su primera exhibición individual, en la Lefevre Gallery, en 1944, expuso su celebrado cuadro El cuarto del pintor (The painter's room).

Para el verano de 1946, viajó a París antes de continuar a Italia por varios meses. Desde entonces viviría y trabajaría en Londres.

El 20 de julio de 2011, falleció "en paz" en su domicilio de Londres, según un comunicado de su abogada Diana Rawstron que recoge France Presse.
Las primeras pinturas de Freud a menudo están asociadas con el surrealismo y muestran personas y plantas en yuxtaposiciones inusuales. Estos trabajos están usualmente hechos con pintura muy fina y a partir de los años 1950 empezó a realizar retratos, muy a menudo desnudos, sin nada más, utilizando la técnica del empasto (o impasto). Los colores son a menudo neutros.

Los temas de Freud son personas y sus vidas; amistades, familia, colegas, amantes y niños. En contadas ocasiones acepta retratos por encargo. Como él mismo dice en sus memorias: "El tema es autobiográfico, cuanto tiene que ver con la esperanza y la memoria y la sensualidad y la participación, la verdad..." "Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son".9

El uso de animales en sus composiciones está muy extendido y es a menudo característico que aparezcan las mascotas al lado de su propietario. Ejemplos de retratos de animales y personas en la obra de Freud incluyen Muchacho y Speck (1980-81), Eli y David (2005-06) y dobleRetrato (1985-86).10

Su pasión por los caballos le llevó a pintar los ejemplares de la escuela en Darlington, donde, además de montarlos, incluso dormía en los establos. De estos, cabe destacar los retratos de Grey Gelding (2003), La yegua Skewbald (2004), y Yegua comiendo heno (Mare Eating Hay) (2006).11

Su cuadro "a la manera, al estilo de Cezanne" (after Cezanne) es notable por su forma inusual y el alto precio que pagó la Galería Nacional de Australia, de $ 7.4 millones de dólares americanos. Un retrato de pequeño formato de la reina Reino Unido causó controversia, al mostrarla tan envejecida (o más) de lo que es. La prensa británica publicó críticas contrapuestas sobre él.

Pintor de producción no demasiado extensa y sumamente cotizado ahora, cuenta con apenas cinco ejemplos en España: cuatro en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, ("Reflejo con dos niños, autorretrato", "Gran interior, Paddington", "Último retrato" y "Retrato del barón H.H. Thyssen-Bornemisza"), existe otro retrato del barón, de mayor formato, que al parecer lo heredó su hija Francesca. En museos de Hispanoamérica, hay que citar dos pinturas en el MUNAL de México y una en MALBA de Argentina.

La cronica periodistica

Este Barça, aún un equipo de época, se niega al cruce de caminos que hacía presagiar este clásico. En Chamartín, con el gancho de Messi, los azulgrana no claudicaron en un partido enorme, un encuentro de museo, de esos que con el tiempo no importará rebobinar una y otra vez. Faltó el mejor CR, pero fue un duelo a la altura de un Messi majestuoso y de un Iniesta sublime. Con ellos al frente armó el taco el Barcelona, que llegó a Madrid con ciertas sospechas sobre su marchitar. Pero se despertó la bestia, se sublevó Messi y con todo el aroma de Iniesta, los culés maquillaron su disfunción defensiva y dejaron de piedra a un adversario que llegaba como un cohete, vitalista y con el mazo a punto.
No le alcanzó al Madrid, que terminó vencido en el medio campo, donde el mejor Barça suele ponerse el frac, en un partidazo que discurrió en una montaña rusa. Al final, el genio de Messi fue capital. Como se espera de un pulso en la cumbre, el clásico fue un motor de emociones, un reto de ida y vuelta, con muchos avatares. Y, por suerte, salvo una destemplanza de Pepe y una tarascada de Busquets, ninguno abandonó el fútbol por la bronca. Habrá debate, esencia de este juego de pasiones, tribal en muchos aspectos. En un partido con tres penaltis y una expulsión, la de Ramos a la hora, en el campo hubo paz. Luego, desde la caseta local llegaron las cargas verbales contra el árbitro.
Al borde del abismo, el Barça se puso de largo en el Bernabéu con la nana que le caracteriza, con la pelota como guion, pese a los problemas para jugar desde la retaguardia. Cuando el Madrid apretaba alto, el equipo visitante se anudaba; si aflojaba el grupo local y los azulgrana saltaban barreras hasta el medio campo, ahí colonizaba el juego su distinguida columna de centrocampistas. Para atrofiar a Cesc, Xavi, Iniesta y Busi —con Messi en el radar—, el Madrid requería del esfuerzo continuado de CR y Bale, a disgusto cuando con el pico y la pala. El Barça quería crecer a partir del juego; el Madrid, por la vía rápida. Lo esperado.
El primer pulso estilístico lo ganó Messi, que tras hacer sin éxito de faro para Neymar encontró mejor socio. Su segundo pase filtrado aterrizó a pies de Iniesta. Carvajal, atemorizado por La Pulga, cerró mal y el manchego fusiló a Diego López. Todo a favor para el Barça, con el balón cosido y un temprano gol en la mochila. Pero este equipo no es del todo fiable.
Por el alambre de Chamartín pasaron dos barças, el encapotado en defensa y el que provoca tiritonas en campo contrario con el oleaje de Messi e Iniesta, los dos futbolistas sobre los que debiera resetearse. Ya debió hacerlo hace tiempo, pero Martino se abrazó a las jerarquías y tanto esperó a Puyol que ahora no hay quien abrigue a un equipo sin defensa. En el Bernabéu fue un coladero cuando el Madrid estuvo en combustión. Tampoco Martino atendió a la realidad, que dicta a Pedro por encima del cartel de Neymar. El Barça casi lo paga. Ningún barcelonista quedó peor retratado que Alves y Neymar, relevado éste por el canario tras su única acción meritoria de la noche, su desmarque al monumental pase de Messi que propició el penalti ejecutado por La Pulga para el 3-3 y la expulsión de Ramos.
Achuchado de entrada el Madrid, Di María se fue a por Alves y abusó del lateral brasileño, al que su compatriota Neymar dejó en cueros. Tan clamoroso fue el apogeo del Fideo y tan menguante el papel de Alves, que tras esprintar por todo el Madrid para lograr el 1-1, Di María acabó desfallecido. Cogió un segundo aire, y en apenas tres minutos volvió a invitar al gol a Benzema. Sobre las descargas de Di María, con el abnegado Pedro de espectador, el Madrid catalizó su remontada. Del resto se encargó Benzema, que impuso su categoría en el paseíllo que le hicieron Piqué y Mascherano. Lo de Benzema se aproximó a un escarnio: dos dianas y media docena más de ocasiones. Dos futbolistas le habían bastado a los de Ancelotti, evidencia del punto frágil del Barça.

TEMPESTADES METÁLICAS

Ernst Jünger :
Se une a los Wandervögel en 1911, un movimiento juvenil que sostenía principios radicalmente opuestos a la sociedad moderna, extremaba el espíritu de la naturaleza y la búsqueda de los bosques así como el respeto absoluto por la vida animal, así como un exaltado sentimiento de amor hacia la patria y la glorificación de la nación alemana.

En 1913, a los 18 años, se alistó en la Legión Extranjera francesa, viajando a África a comienzos de siglo. Esa experiencia le marcó para siempre, despertando en él una gran pasión por la guerra. Así, cuando estalló la I Guerra mundial, Jünger fue uno de los primeros en alistarse, obteniendo en 1918, pocas semanas antes del fin de la guerra, la condecoración Pour le Mérite, también conocida como «Blauer Max» al mérito militar.

Fruto de esta experiencia, fue la publicación —con tan sólo 25 años— de sus recuerdos de la guerra en el libro Tempestades de acero, una alabanza a la guerra en cuanto experiencia interior, que catapultó al joven escritor a la fama.

Fue el último ganador de la medalla Pour le Mérite, la última persona condecorada en morir, y la persona más joven en recibir la preciada condecoración, con sólo 23 años.

Entre la guerra y la subida de Hitler al poder en Alemania, Jünger formó parte de la órbita de una compleja corriente político-cultural llamada Konservative Revolution, de la que formaron parte, además de diversos grupos, autores como Ernst Von Salomon, Werner Sombart, Carl Schmitt u Oswald Spengler. Algunas de las características más importantes que definieron a la Konservative Revolution fue su nacionalismo radical, su rechazo al liberalismo decimonónico, o a la Revolución francesa. Dentro de esta corriente, Jünger publicó libros como La guerra como experiencia interior, La movilización general o El trabajador.

A pesar del marcado tono de la obra de Jünger durante esta época, el matiz «elitista» de su obra, además de la ausencia de antisemitismo, llevó a Jünger a rechazar ya en 1933 al nacionalsocialismo, al no aceptar el ingreso en la Academia de Poesía Alemana, purgada hacía poco tiempo por la Gestapo, y se marchó a una aldea, Goslar, en las montañas Harz; después se radicó en Ueberlingen.

En 1934 prohíbe al periódico del partido nazi que siga utilizando y manipulando sus escritos, rechazando también ocupar un asiento en el Reichstag, al tiempo que publica Blaetter und Steine (Hojas y piedras), su primera crítica al racismo nacionalsocialista.

Realiza viajes a Noruega, en 1935, en 1936 a Brasil, Canarias y Marruecos, en 1937 a París, donde se encontró con André Gide y Julien Green y en 1939 se mudó a Kirchhorst, en la Baja Sajonia.

Jünger pasó una parte de la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado, donde a partir de 1941 frecuentó los salones literarios y de fumadores de opio, así como la bohemia parisina, se dejó invitar por los oficiales que comenzaban a rebelarse contra Hitler y salvó la vida a cuantos judíos represaliados pudo. «El uniforme, las condecoraciones y el brillo de las armas, que tanto he amado, me producen repugnancia», anotó Jünger en su diario, al enterarse de la exterminación progresiva de los judíos.

En 1942 fue enviado al frente ruso, y en 1944, tras el fallido atentado contra Hitler (a quien en sus escritos llamaba Kniebolo), en el que participó, dimitió de su puesto en el ejército. Durante la postguerra sus libros fueron prohibidos hasta 1949 (a pesar de lo cual conseguiría publicar Der Friede (La paz) en 1946 en Ámsterdam, en 1947 Atlantische Fahrt (Viaje atlántico) y un año más tarde Aus der goldenen Muschel (La concha de oro). La prohibición de sus publicaciones en 1949 surge a raíz de negarse Jünger a cumplimentar un formulario sobre la desnazificación en la zona de ocupación británica. Esta prohibición le llevó a mudarse a Ravensburg, en la zona de ocupación francesa.

Desde que en los años 50 entablara amistad con Albert Hofmann, el creador del LSD, varios de los libros de Jünger versaron de forma directa o indirecta sobre la experiencia psicodélica[cita requerida].

En 1952, después de su primera experiencia con el LSD, escribe Besuch auf Godenholm (Visita a Godenholm), cuya publicación coincidió con la aparición de Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley.

En 1959 se le otorga la Cruz del Mérito Federal, junto al pintor Otto Dix.

Su otro gran libro sobre el tema de las drogas es Annäherungen. Drogen und Rausch (Acercamientos. Drogas y ebriedad), de 1970. Esta obra, en la que el autor acuñó el término psiconautas ('navegantes de la psique'), expone las numerosas experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.

Hacia 1977 escribe otra de sus obras más conocidas, Eumeswil, donde sobresale la figura del «anarca», personaje preconfigurado por Albert Camus en su libro L'homme révolté (El hombre rebelde, 1951).

Recibió el Premio Goethe en 1982.

Uno de sus últimos textos sería Die Schere (La tijera), publicado en 1989, cuando Jünger contaba con 95 años de edad. De gran valor histórico y literario son sus diarios de la Segunda Guerra Mundial (Radiaciones). En la actualidad, su obra está considerada como una de las mayores contribuciones a la literatura en lengua alemana en el siglo XX.

Murió el 17 de febrero de 1998, a dos semanas de cumplir 103 años de edad, unos meses después de haberse convertido a la fe católica.
Bundesarchiv B 145 Bild-F073370-0003, Bad Godesberg, Ernst Jünger, Philipp Jenninger.jpg

PHILIP CAPUTO, UN RUMOR FAMILIAR DEL SIGLO XX

Philip Caputo (nacido el 10 de junio 1941) es un escritor y periodista estadounidense. Él es mejor conocido por A Rumor of War , un libro de memorias de mayor venta de sus experiencias durante la guerra de Vietnam . Caputo ha escrito 15 libros, incluyendo dos libros de memorias, cinco libros de no ficción en general, y ocho novelas. Su último, el libro de viajes de no ficción / aventura El camino más largo: Overland En busca de América desde Cayo Hueso hasta el Océano Ártico , fue publicado en julio de 2013 por Henry Holt .
Philip Caputo nació en Westchester, Illinois y asistió a la Escuela Secundaria Fenwick y la Universidad Loyola de Chicago . Desde 1965-1966 Caputo sirve en la República de Vietnam (RVN) como teniente de infantería (comandante de pelotón) en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos . Caputo sirvió en combate y ganó varias medallas y premios al término de su período de servicio.

Después de servir tres años en el Cuerpo, Caputo comenzó una carrera en el periodismo, de unirse al personal del Chicago Tribune en 1968. En 1973, Caputo fue parte de un equipo de redacción que ganó el Premio Pulitzer por informar sobre el fraude electoral en Chicago. Durante los siguientes cinco años, fue corresponsal en el extranjero para el Tribune. Se cubrió la caída de Saigón en 1975, y sirvió en Italia, la Unión Soviética y el Medio Oriente. Él fue herido de bala en los pies por un miliciano con un AK-47 durante la batalla de los hoteles en el Líbano en 1975.
En marzo de 1965, Marine teniente Philip J. Caputo aterrizó en Da Nang con la primera unidad de combate terrestre desplegado en Vietnam. Dieciséis meses más tarde, después de haber servido en la línea de una de las guerras más horribles de la historia moderna, regresó a casa físicamente entero pero desperdicia emocionalmente, su idealismo juvenil ha ido para siempre. A Rumor of War es la historia de más de un soldado. Tras su publicación en 1977, se rompió la indiferencia de Estados Unidos para el destino de los hombres enviados a luchar en las selvas de Vietnam. En los años transcurridos desde entonces, se ha convertido no sólo en un texto básico sobre la guerra de Vietnam, sino también un clásico reconocido en la literatura de las guerras en la historia y, como explica Caputo, de "las cosas que hacen los hombres en la guerra y las cosas que hace la guerra a los hombres.
En el prólogo, el autor declara su propósito al escribir este libro. Él deja claro que esto no es un libro de historia, ni tampoco es una acusación histórica. El autor afirma que su libro es una historia sobre la guerra, sobre la base de una experiencia personal.

El libro está dividido en tres partes. La primera sección, "La espléndida guerrita", describe razones personales del teniente Philip Caputo para unirse a la Infantería de Marina, la formación que siguió, y su eventual llegada a Vietnam . Teniente Caputo fue miembro de la 9 ª Brigada Expedicionaria de la Infantería de Marina, la primera unidad de tropas regulares estadounidense enviado para tomar parte en la guerra de Vietnam. Llegó el 8 de marzo de 1965, y sus primeras experiencias le recordaba a las guerras coloniales retratados por Rudyard Kipling . La 9 ª Brigada Expedicionaria se desplegó en Da Nang , anteriormente Tourane , en una condición de "meramente defensivo", principalmente para establecer un perímetro alrededor de una pista de aterrizaje que aseguraba la llegada y salida de los bienes militares y personal. Las primeras escaramuzas contra el Ejército de Vietnam del Norte y el Viet Cong dejaron en claro que el teniente Caputo y sus compañeros de que su impresión anterior sobre la guerra de Vietnam como pequeño y sin importancia son todo mal. [ 2 ]

En la segunda parte del libro, "El Oficial a cargo de los Muertos", el teniente Caputo se reasigna de su compañía de fusileros a un trabajo de escritorio documentar bajas . Su nuevo cargo en el Estado Mayor Conjunto de la brigada era un cambio que no le conviene, porque él estaba orgulloso de sus funciones de la compañía de fusileros y tenía un cierto deseo de volver al comando básico de infantería. Esta distancia de la línea principal de resistencia dio el teniente Caputo una perspectiva diferente del conflicto. Teniente Caputo describió los oficiales superiores como más preocupado por asuntos triviales que estrategia. Por ejemplo: las películas están jugando al aire libre en la noche, con el riesgo potencialmente devastadores de mortero ataques. Teniente Caputo también fue testigo de cadáveres enemigos están atesorados como trofeos de caza, y se muestra fuera de los generales. También describe cadáveres estadounidenses llevan evidencia de Viet Cong tortura.

En la tercera parte, "En la Muerte Gris Tierra," el teniente Caputo es reasignado a una compañía de fusileros. Describe el Ejército de Vietnam del Norte y el Viet Cong como feroces guerreros y hábiles y por haber ganado el respeto a regañadientes de los soldados estadounidenses. Teniente Caputo describe sus compañeros marines como habiendo dejado deseando, épicas de la Segunda Guerra Mundial batallas de estilo; habían aprendido a detectar trampas explosivas , a la lucha contra la agachadiza común, y de peinar la selva en busca de enemigos bunkers y sus raciones. Teniente Caputo participó en estas operaciones, hasta que las tropas bajo su mando abortaron órdenes y dispararon dos sospechosos deliberadamente. Teniente Caputo asumió toda la responsabilidad por el incidente y se enfrentó a una corte marcial . Finalmente, fue relevado de su mando y los cargos fueron retirados. [ 3 ] Lt. Entonces Caputo fue reasignado a un campo de entrenamiento en Carolina del Norte y, finalmente, recibió una baja honorable del servicio.

En el epílogo, casi diez años después del final de su período de servicio, Philip Caputo volvió a Vietnam como una guerra periodista para un periódico. Viejos recuerdos de sus experiencias de la guerra y sus compañeros inundan su mente mientras los testigos de la caída de Saigón a las tropas de Vietnam del Norte . Caputo dejó Vietnam el 29 de abril de 1975.

Una posdata publicado en 1996 detalla algunas de las ansiedades Caputo experimentó al escribir el libro de memorias, y las dificultades que había manipulación de su fama y notoriedad después de su publicación.

martes, 1 de abril de 2014

Enciclopedia online de violencia masiva

Internet se ha convertido en el lugar donde todo se puede encontrar. Desde que apareció la Wikipedia, la principal enciclopedia 'online' abierta a la participación de cualquiera que quiera compartir sus conocimientos (o sus ganas de divertirse a costa de la credulidad de los demás) han surgido las más diversas páginas que recopilan información sobre los más diversos temas.

Ahora, los estudiantes, los curiosos o la gente que busque simplemente conocer más el mundo en el que vive; pero también ONG, expertos en derecho internacional, politólogos y periodistas disponen de una nueva herramienta, la Enciclopedia de Violencia Masiva. En este caso, no se basa "en la participación espontánea de los internautas", sino que es un compendio de artículos elaborados por investigadores, académicos y doctorandos en la materia. "Esto otorga fiabilidad al proyecto", indica su director, el historiador y politólogo Jaques Sémelin.

MÁS INFORMACIÓN
La 'Wikipedia' de los crímenes
La web es una iniciativa lanzada en 2004 por el Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales de París junto con otras instituciones francesas y alemanas y está accesible en la Red desde hace unos días. Documenta y clasifica, en inglés, el conocimiento histórico sobre los crímenes, organizado por continentes, países y épocas, al tiempo que ofrece descripciones y análisis. Contiene índices cronológicos, estudios de casos concretos, contribuciones analíticas sobre violencia socio-política, un glosario de los términos más usados en estudios de genocidio así como análisis teóricos escritos por los autores más representativos en este ámbito.

Algunos de los artículos aún no aparecen completos. Según los autores, este retraso responde a los estrictos procedimientos científicos y académicos que siguen a la hora de elaborar los documentos. "Hemos querido convertir la enciclopedia en una web de referencia internacional para extender el conocimiento de la violencia masiva", subraya Sémelin.

El nombre de la enciclopedia no está elegido al azar. Los autores descartaron los términos "genocidio" y "masacre" porque creen que no designan todos los tipos de violencia de grupo, por lo que optaron por el de "violencia masiva". Con este término pretenden hacer referencia "al fenómeno humano de la destrucción colectiva por causas culturales, religiosas, sociales y políticas", añade Sémelin, que considera que el término se refiere a la violencia que sufre la población civil, "tanto en tiempo de guerra como de paz". Además de completar la información pretenden dar otro paso y traducir los textos de cada país a su lengua para que así pueda consultarla cualquiera en cualquier parte.
Mapa de Europa de violencia masiva

De entre los temas que hacen de la Guerra Civil española un tiempo histórico abierto, polémico y controvertido, prevalece el de la violencia ejercida en las retaguardias desde julio de 1936. El pasado de asesinatos, fusilamientos, fosas comunes, cárceles legales o clandestinas, torturas, incendios, campos de concentración y de trabajo forzoso aún hoy es elemento primordial del interés público sobre el enfrentamiento civil y, para muchos, constituye la sublimación de la Guerra Civil (Rodrigo, 2008). Pero poco cabe sorprenderse. La violencia en retaguardia, esa hija “necesaria” e “inevitable” de cualquier proceso bélico —y más, si es una guerra civil—, es un elemento crucial a la hora de explicar la guerra española por más que, en una escala global, ésta no sea tan relevante, ni desde un punto de vista tecnológico, ni en cuanto a pérdidas humanas como otros conflictos bélicos del siglo XX (Graham, 2006: 11). Y lo es, fundamentalmente, porque la violencia azul y la violencia roja —según los clásicos cánones cromáticos—, la franquista y la republicana —la terminología consuetudianariamente más aceptada—, la golpista y la revolucionaria, marcaron las vidas de miles de personas, mucho más que las operaciones militares.

Aproximadamente la mitad de las muertes atribuibles de manera directa al conflicto corresponden a las violencias en retaguardia, no a las bajas en los frentes bélicos. Y de hecho, durante los últimos seis meses de 1936 y, posiblemente, hasta bien entrado 1937, la causa de mortandad más importante en España no fue la guerra cuanto la violencia, la limpieza política desencadenada en las retaguardias. Para miles de personas, donde no hubo combates militares, la primera tuvo como única expresión la violencia (con sus múltiples adjetivaciones: política, social, religiosa, económica) y el terror. No fue locura colectiva. El asesinato en masa contemporáneo se caracteriza, siguiendo a Bauman, por la práctica ausencia de toda espontaneidad: destaca, ante todo, por su intencionalidad (Bauman, 1997: 118). De la misma manera, el encarcelamiento, la tortura o el asesinato de sacerdotes o jornaleros, militares o “burgueses” en las retaguardias tuvieron su propia utilidad, sus propias normas, sus propias lógicas.

martes, 25 de marzo de 2014

Historia negra , atrocidades y mundo actual


Número de víctimasEventoFechas
155000000Segunda Guerra Mundial (Algunos solapamiento w / Stalin. Incluye Guerra Sino-Japonesa y Holocausto. No incl. expulsiones alemanes de la posguerra)1937/39-1945
240000000China:. Régimen de Mao Zedong (incl. el hambre)1949-1976
320000000URSS: el régimen de Stalin (incl. atrocidades de la era WW2)1924-1953
415000000Primera Guerra Mundial (incl. masacres armenias)1914-1918
58800000Guerra civil rusa1918-1921
64000000China: Señor de la guerra y nacionalista Época1917-1937
73000000Estado Libre del Congo [ n.1 ](1900) -08
82800000Guerra de Corea1950-1953
82800000Segunda guerra de Indochina (Laos y Camboya incl.)1960-1975
102500000Guerra civil china1945-1949
112100000Expulsiones alemanes después de 2 ª Guerra Mundial1945-1947
121900000Segunda guerra civil sudanesa1983 - (99)
131700000Congoleño Guerra Civil [ n.1 ]1998 - (99)
141650000Camboya: régimen del Khmer Rouge1975-1979
151500000Afganistán: la guerra soviética1980-1989
161400000Ethiopian Civil Wars1962-1992
171250000Oriente Pakistán: Masacres1971
181000000Revolución Mexicana1910-1920
181000000Guerra Irán-Irak1980-1988
181000000Nigeria: la rebelión de Biafra1967-1970
21917000Las masacres de Ruanda1994
21800000Mozambique: Guerra Civil1976-1992
23675000Francés-argelino Guerra1954-1962
24600000Primera Guerra de Indochina1945-1954
24600000Angola Guerra Civil1975-1994
26500000Disminución de los indios del Amazonas(1900-1999)
26500000India-Pakistán de reparto1947
26500000Primera guerra civil sudanesa1955-1972
29450000Indonesia: Masacre de los Comunistas1965-1966
30365000Guerra Civil Española1936-1939
?> 350 000Somalia: Chaos1991 - (99)
?> 400 000Corea del Norte: Régimen Comunista
Los totales aquí están sujetos a las habituales márgenes de error . También contienen todas las variedades de atrocidad: muertes en combate , las víctimas civiles de la guerra, democide, hambruna causada por la perturbación económica, etc

Aunque cada uno de ellos es un caso distinto, muchos están estrechamente relacionados entre sí. Stalin (# 3), Chiang Kai-shek (# 6) y Mao Zedong (# 2) fueron los principales actores de la Segunda Guerra Mundial (# 1), que fue claramente una secuela de la Primera Guerra Mundial (# 4). La Guerra Civil Rusa (# 5), lo que allanó el camino para el ascenso de Stalin, fue el resultado integral de la Primera Guerra Mundial. La anarquía que se extendió por China tras el derrocamiento de la monarquía trajo Chiang al poder, Mao puso en conflicto con él, y alentó a la invasión japonesa. La caída del Imperio japonés después de la Segunda Guerra Mundial salió de Corea en juego (# 8), y el ejército de Mao fue uno de los que trataron de agarrarlo.

Es muy posible, por tanto, que los futuros historiadores consideran que estos eventos sean meros episodios de un único trastorno masivo - el "Hemoclysm", para darle un nombre (del griego, "la inundación de la sangre") - que se llevó la vida de algunos 155 millones de personas. En total, más del 80% de las muertes causadas por atrocidades del siglo XX se produjo en el Hemoclysm.

Se divide claramente en dos partes - Este y Oeste. El Hemoclysm Oriental comenzó con el derrocamiento de la dinastía Manchú en China en el año 1911 dando lugar a 38 años de guerra civil y la invasión japonesa. En 1949, el baño de sangre del interregno dio paso a un mayor baño de sangre como el poder consolidado comunistas de Mao (que murió en 1976). Cuando es visto como un continuo, esta fase de la historia de China era una pesadilla 65 años, que tuvo unos 75 millones de vidas.

Las primeras chispas de la Hemoclysm occidental fueron las guerras de los Balcanes (1912-1913) que encendió rápidamente la Primera Guerra Mundial. Esto hizo caer cuatro de las monarquías más poderosas de Europa, dando lugar a un vacío de poder que finalmente fue ocupada por los nazis en Alemania y los comunistas en Rusia, que entró en conflicto durante la Segunda Guerra Mundial. La muerte de Stalin en 1953 finalmente se extinguió el Hemoclysm Occidental después de la pérdida de unos 80 millones de vidas.

Si no fuera por el hecho de que la Segunda Guerra Mundial es considerado como un solo evento, es probable que podríamos considerar las mitades oriental y occidental de la Hemoclysm ser piezas claramente no relacionados de la historia.

Una serie de eventos que puede o no puede estar relacionado con la Hemoclysm son las guerras y las matanzas que asolaron Indochina 1945-1980. La primera de ellas (1945-1954) fue, obviamente, engendrados por la Segunda Guerra Mundial, y podemos trazar fácilmente una reacción en cadena que llevó de ésta a la siguiente y la siguiente (# 24 - # 9 - # 14), sin embargo, cada uno posterior guerra tomó más y más de los eventos centrales de la Hemoclysm, así que no he incluido los 5 millones de indochinos muertos en total.

Proporcionalidad

Si vamos a señalar con el dedo de la culpa de la barbarie del siglo - y usted sabe que usted quiere - números crudos probablemente no son suficientes. Ha habido un montón de episodios de brutalidad concentrada que no aparece en la lista anterior, simplemente porque la población afectada es muy pequeña. Mientras tanto, una de las principales razones de que Rusia y China se destacan de manera prominente en la parte superior de la lista es que tienen tantas víctimas potenciales, para empezar. Por lo tanto, he tomado todos los episodios de matanzas masivas del siglo 20 y los dividió por la población del país que sufrió las pérdidas.

Los 25 mayores porcentajes de población nacional muertos durante períodos de brutalidad masiva:



Si se fijan bien en la tabla con la intención de determinar qué raza, religión o ideología ha sido el más brutal, verás un patrón emerge. Es todo un patrón sorprendente, por lo que prefiero que encontrar por ti mismo. Volver atrás y echar un segundo vistazo. Nos veremos en el siguiente párrafo después les explico que, honestamente, yo no manipular los datos. Yo simplemente tomé la cifra de muertos más probable (militar y civil) entre los nativos de cada país (por ejemplo, todos los vietnamitas del sur - soldados del ARVN, civiles y Viet Cong - que murieron en la guerra de Vietnam), y dividí por la población de ese país (antes de la guerra). No tomé, por ejemplo, sólo los muertos militares, o sólo a las víctimas del genocidio. Yo no decidí arbitrariamente dividir un terror en dos con el fin de hacer que cada uno parece más pequeño (el único caso dudoso es que calculé los rusos muertos desde WW2 y Stalin por separado. A juicio personal.), O eliminar los países de cierto tamaño . No, no tenía ni punto predeterminado de probar. Hice los cálculos y dejar que las fichas caigan donde quisieran. ( Aquí están los números en bruto, si usted quiere comprobar detrás de mí. )

Es por eso que estaba tan sorprendido al descubrir que no hay absolutamente ningún patrón a la carta. Si simplemente me había elegido 25 países de un sombrero, yo no podría haber conseguido una difusión más amplia de lo que tenemos aquí. Tenemos los países ricos y los países pobres, industriales y agrarias; grandes y pequeños. Tenemos gente de todos los colores - blanco, negro, amarillo y marrón - ampliamente representada tanto entre los matarifes y los slaughterees. Tenemos cristianos, musulmanes, budistas y ateos todo carnicería entre sí en nombre de sus diferentes dioses o falta de ella. Entre los autores, tenemos inclinaciones políticas de izquierda, derecha y centro, algunos son monarquías, algunos son dictaduras y algunos son incluso democracias. Tenemos víctimas inocentes invadidos por grandes y malos vecinos, y tenemos un montón de países que lo trajo sobre sí mismos, siembra el viento y cosecha tempestades. Adelante - tomar una tercera mirada. Encontrar cualquier tipo de país que no esté representada entre los agentes de un blooding importante, y probablemente la única razón de que es que no hay que muchos países de esa categoría, para empezar (No hay países hindúes o judíos en el gráfico , pero luego, sólo hay uno de cada uno en todo el planeta, y ambos están esperando en las alas entre el próximo 25.).

En cierto modo, es bastante desalentador darse cuenta de que no podemos culpar con suficiencia la brutalidad del siglo a los comunistas, o los imperialistas, o los fundamentalistas musulmanes, o los impíos. Cada categoría principal de los derechos humanos ha hecho de la cuota para aumentar el número de muertos, por lo que reemplazar, por ejemplo, los gobernantes musulmanes con los gobernantes cristianos, o los gobernantes blancos con gobernantes negros, no va a cambiar en absoluto.
En Breve historia de la guerra civil (España), la hispanista británica Helen Graham (Liverpool, 1959) propone un vertiginoso, riguroso y revelador recorrido por los episodios de un conflicto que marcó de manera definitiva la historia de España durante el siglo XX. El libro no llega a las 200 páginas, pero consigue reconstruir la complejidad de aquella época terrible combinando la escueta narración de los episodios fundamentales con una sugerente perspectiva social y cultural, al tiempo que incorpora minúsculas viñetas biográficas que aportan al sobrio desarrollo de los acontecimientos un componente privado, personal, íntimo. El golpe contra la República que desencadenó durante el 17 y el 18 de julio de 1936 un grupo de militares rebeldes no sólo destruyó la legalidad vigente, irrumpió también como un vendaval en el ámbito doméstico de cada persona.
Las grandes matanzas del siglo XX han suscitado un enorme volumen de publicaciones en las que se relatan historias individuales, en su inmensa mayoría las de las víctimas y los supervivientes. Los libros como Desde aquella oscuridad, en el que la periodista Gitta Sereny refleja sus entrevistas detalladas con Franz Stangl, el antiguo responsable de Treblinka, son excepción. Y todavía más infrecuente, e incluso imposible, es encontrar documentales que nos muestren a los autores de esos crímenes de masas comprometidos con la búsqueda de la verdad. Pero su interés salta a la vista. Oír hablar a las víctimas es desgarrador, provoca emoción y compasión, pero no nos enseña nada: las víctimas no son las responsables de esos hechos, sino quienes han sufrido, impotentes, la voluntad de otros. Si queremos comprender los desastres pasados, condición previa indispensable para cualquier intento de impedir que se repitan, lo que debemos hacer es acudir a quienes cometieron esos actos: ¿por qué hicieron esas cosas? ¿Cuál es el mecanismo que engendra el horror? ¿Cómo puede convertirse un hombre corriente en un verdugo de masas? Por desgracia, los individuos que podrían hacerse estas preguntas y buscar respuesta sin hacer concesiones son escasos; en su mayoría, no se consideran culpables en absoluto y concentran sus esfuerzos en buscarse excusas.

En 2009 se celebró en la capital de Camboya un proceso al régimen de los jmeres rojos por los crímenes cometidos durante su periodo en el poder. En el banquillo de los acusados, una sola persona de apellido Duch, antiguo director de un centro de torturas y exterminio, denominado S 21. El juicio, el primero de su tipo en aquel país, fue excepcional, entre otras cosas, por el hecho de que los archivos del centro están perfectamente conservados y, por tanto, permiten reconstituir de forma minuciosa su funcionamiento. Pero fue extraordinario también por la personalidad del procesado, que en ningún momento trató de eludir sus responsabilidades, sino que se reconoció culpable de un crimen abominable del que dijo arrepentirse amargamente y, a continuación, se comprometió a cooperar activamente con el tribunal.

A todos estos elementos, ya sustanciosos, se añade otro más muy positivo: el juicio originó varios libros de gran calidad, redactados por testigos que aclaran diversos aspectos de él, y, cosa aún menos frecuente, un documental sobre Duch. Su director, Rithy Panh, con el deseo de comprender más que conmover, se sumerge en el espíritu del verdugo y tiene el valor, o la prudencia, de no enmarcar el discurso de su personaje en el suyo de autor, sino de enfrentar directamente al espectador con el hombre que confiesa y analiza sus crímenes. El resultado es sobrecogedor.

Estos libros y este film permiten, ante todo, reconstruir el contexto en el que actuaban los jmeres rojos, una guerra civil (1970-1975) que causó 600.000 muertes, un país que padecía los bombardeos estadounidenses (cayeron en él casi cuatro veces más bombas que sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial), el ansia de libertad y justicia que engendró toda aquella violencia. Los testimonios relatan el proceso inexorable que se inició con la victoria de los comunistas en 1975 y prosiguió hasta 1979. La represión tuvo tres fases. Al principio, ejecutaron a todos los antiguos enemigos, pero también a los “desviados”: locos, discapacitados, leprosos. A continuación, expulsaron de las ciudades a todos los que no pertenecían a las nuevas clases privilegiadas de obreros y campesinos, es decir, los enseñantes, empleados, comerciantes, propietarios, y los enviaron a cavar canales y construir diques, con el argumento de que, para merecer formar parte del pueblo, necesitaban reeducarse. Un año después comenzó la tercera fase, la persecución de los “enemigos interiores”, una purga permanente que afectó a los propios revolucionarios y acabó con todos los sospechosos en prisiones especiales, como la que dirigía Duch, en las que los torturaban para que revelasen los nombres de sus “cómplices” y luego los ejecutaban. La vida de un enemigo no valía nada, y tampoco las de las personas más próximas a él: esposa, hijos, padres, amigos, colegas. Los presos eran “bolsas de sangre”: les sacaban toda la que tenían —con lo que morían de inmediato— y les practicaban una vivisección “para estudiar su anatomía”. Se calcula que el número de víctimas de aquellos cuatro años asciende a 1.700.000, aproximadamente el 20% de la población.

El número de víctimas de los jmeres rojos  asciende a 1.700.000, aproximadamente el 20% de la población camboyana
Antes de asumir su compromiso político, Duch era un personaje corriente, atento a los demás, aplicado en su trabajo, inteligente. Durante su periodo de jmer rojo, cometió crímenes extraordinarios y supervisó las torturas y ejecuciones de al menos 12.500 personas. Su paso de una cosa a otra se explica, más que por su pasado personal, por su relación con la historia colectiva: en este caso, no se trata de un monstruo individual. La fuerza que impulsó el régimen fue la ideología comunista llevada al paroxismo y sostenida por el ejército, que no se ha visto sometido a ningún proceso porque el tribunal solo juzga a individuos. Los dirigentes de los jmeres rojos se remitían a Marx, Lenin y Mao, a los comunistas franceses, país en el que varios de ellos habían estudiado. El objetivo era crear un hombre nuevo y una sociedad nueva, de manera que había que comenzar por destruir todo lo que existía. Privar a la persona de su familia, su casa, su profesión, incluso darle un nombre nuevo. La alternativa que se ofrecía a la población era adoptar la nueva fe con entusiasmo o someterse a ella por miedo al sufrimiento. La presión era tal que nadie podía superarla. Pero las reacciones fueron distintas: unos se negaron (y aceptaron morir), mientras que otros se sometieron (y aceptaron matar). En varias cárceles especiales, como la que dirigía Duch, se torturaba a los “sospechosos” para que revelasen los nombres de sus “cómplices” y luego se les ejecutaba de forma sistemática. Las “confesiones” extraídas a las víctimas permitían mantener la ficción de las conspiraciones, que debían servir para explicar los fallos económicos y justificar la dictadura, convertida en un fin en sí misma.

¿Cuál es el régimen político más inhumano?, se pregunta Rithy Panh, y responde: el que decide qué es lo que le conviene al individuo y se lo impone a todos.
Stalin fue expeditivo reescribiendo la historia. Trotski fue literalmente borrado en fotografías de la nueva iconografía revolucionaria. Ocultar, agigantar, aliñar el pasado a conveniencia del poder es una tentación de hondas raíces históricas. En 1598, sin pensar en que pedía un imposible metafísico, el rey francés Enrique IV prohibió recordar a sus súbditos. Aquel año dictó un edicto en el que ordenaba que todos los acontecimientos violentos ocurridos entre católicos y protestantes “queden disipados y asumidos como cosa no sucedida”. Casi nada. El monarca intuyó que la memoria, pese a su incorporeidad, era letal para las guerras de religión. No hay que mirar solo en el ojo ajeno. A Bartolomé de las Casas le reprocharon “aunque fueran verdad” que publicase “cosas muy terribles y fieras de los soldados españoles” durante la colonización americana. El asunto acabó con la prohibición en 1660 de su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Más recientemente, la versión de la Guerra Civil que circuló por las aulas durante el régimen franquista fue un relato falseado de cruzados buenos y malos rojos.

Historia y memoria comparten influyentes enemigos. En Suiza pueden procesar a alguien por negar el genocidio armenio durante el Imperio Otomano, mientras que en Turquía pueden procesarle por afirmarlo. Pero historia y memoria no son lo mismo, aunque actúen sobre un terreno común: el pasado. Los hechos históricos son sagrados, se cuenten en Estambul o en Ereván. La conmemoración de los mismos —traerlos del pasado con alguna finalidad en el presente— difiere forzosamente si parte de las víctimas o de los verdugos, como evidencia el contraste entre la memoria histórica reivindicada por los nietos de los sepultados en fosas durante la guerra y la memoria oficial enarbolada por el régimen franquista, que honró permanentemente a los damnificados de su bando (con causa general para resarcirles incluida) dejando en la cuneta de la historia a los otros. “La memoria es una materia de la historia a historiar”, sintetiza el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Ricardo García Cárcel en La herencia del pasado, donde repasa la construcción de relatos identitarios desde la Hispania romana a la actualidad.

Dado que aspira a contar hechos, la historia no puede ser una cosa y la contraria (por mucho que aliente interpretaciones plurales), mientras que la memoria está al servicio de quien la empuña para emitir un juicio moral sobre lo ocurrido. Sus caminos se entrecruzan, pero no conducen al mismo paraje. “La historia, incluso cuando es movida por la memoria, tiene que ser necesariamente crítica y puede resultar la peor enemiga de una memoria impuesta: fue la historia, en cuanto investigación del pasado, la que desmontó la construcción memorial de la guerra como una guerra santa; como ha sido la historia la que ha devuelto a Trotski a la fotografía de la que fue borrado por la memoria colectiva soviética”, advierte Santos Juliá, catedrático emérito de la UNED. “La memoria, al traer el pasado al presente con el propósito de establecer un deber —que será de duelo o celebración, de reparación o de gloria— o de construir una identidad diferenciada, necesariamente olvida”, planteó en su artículo Por la autonomía de la historia, publicado en Claves de Razón Práctica.

En el siglo XX, tras lo que Hannah Arendt acuñó como “banalización del mal”, eclosionó la memoria histórica como un fenómeno universal. Lo ocurrido en Auschwitz se convirtió, según el profesor de investigación del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Reyes Mate, en “lo que da que pensar” y alimentó “el deber de memoria” para acentuar “la construcción de un sentido, la creación de un significado de ese pasado que valga para el presente”. Propiciado por el grito del “nunca más” de los supervivientes, recordar pasó a ser un valor en alza. Elie Wiesel, que pudo revivir el espanto del exterminio, consideraba el olvido como “el triunfo definitivo del enemigo” y “una injusticia absoluta”.

“La historia, incluso cuando es movida por la memoria, tiene que ser necesariamente crítica”, afirma Santos Juliá
El Holocausto fue más allá de cualquier genocidio anterior. “Auschwitz no tenía equivalentes. Era otra guerra o, mejor dicho, ni siquiera era una guerra. Era pura y simplemente una matanza masiva, sin una razón táctica o estratégica, sino por pura ideología”, sostiene el ensayista Ian Buruma en El precio de la culpa. “El sistema nazi había entendido que la eficacia del crimen debía velar no solo por el exterminio físico de un pueblo sino también por el metafísico”, afirma Mate en Tratado de la injusticia. Contra las chimeneas que humeaban seres humanos había que contraponer el recuerdo vívido que no transmite la historia, “el olor a carne quemada”, describía otro de los deportados que pudo contarlo, Jorge Semprún. Sin embargo, así como nadie objeta el papel de la historia, la memoria histórica cuenta con activos detractores, como el periodista estadounidense David Rieff, que ha escrito un furibundo alegato a favor del “imperativo ético del olvido” en su ensayo Contra la memoria. Cuenta Rieff que la obra echó raíces en Bosnia, donde trabajó como reportero de guerra. “La memoria histórica colectiva tal como las comunidades, los pueblos y las naciones la entienden y despliegan —la cual casi siempre es selectiva, casi siempre interesada y todo menos irreprochable desde el punto de vista histórico— ha conducido con demasiada frecuencia a la guerra más que a la paz, al rencor más que a la reconciliación y a la resolución de vengarse en lugar de obligarse a la ardua labor del perdón”, esgrime. El nunca más de Auschwitz le parece cargado de buenas intenciones y falto de realismo. Y relata un chiste que circula por Polonia: ¿A quién mata primero un polaco, al alemán o al ruso? Al alemán, por supuesto; primero el deber, después el placer.

Todas sus reflexiones le conducen hacia el elogio de la amnesia. “Lo que garantiza la salud de la sociedad y de los individuos no es su capacidad de recordar, sino su capacidad para finalmente olvidar”, sostiene Rieff, sin que esto quiera decir que deba renunciarse a perseguir los crímenes y reconocer a las víctimas. A diferencia de Mate, cree que la búsqueda de la verdad “no está por encima de todo” y cita los acuerdos de Dayton que, pese a contemplar la impunidad de Milosevic, fueron preferibles a seguir la masacre.

Rieff es el último recién llegado a una controversia alrededor de la memoria, que ha sido especialmente intensa en países como Alemania, que declaró imprescriptibles los crímenes contra la humanidad en 1979, tras la emisión de la serie Holocausto. En Francia se han aprobado sucesivas leyes que legislan sobre episodios históricos. Desde 1990 la ley Gayssot castiga el negacionismo del Holocausto judío y desde 2001 la legislación reconoce la esclavitud como un crimen contra la humanidad y el genocidio armenio. La intromisión política soliviantó a un grupo de historiadores, que emitió un manifiesto, embrión del movimiento bautizado como Libertad para la Historia. “En un país libre no es competencia de ninguna autoridad política definir la verdad histórica ni restringir la libertad del historiador mediante sanciones penales”, señalaban, entre otros Pierre Nora, Jacques Le Goff o Eric Hobsbawn. Abundan los historiadores reticentes ante el afán memorialístico. Tony Judt temía que el siglo XX se convirtiese en un “palacio de la memoria moral: una cámara de los horrores históricos de utilidad pedagógica cuyas estaciones se llaman Múnich o Pearl Harbour, Auschwitz o Ruanda, con el 11 de septiembre como una especie de coda excesiva”. Mantener vivo el horror pasado, sí, pero —matizaba—“como historia, porque si lo haces como memoria, siempre inventas una nueva capa de olvido”.

La memoria puede contaminar la historia porque no todo lo que emana de ella es riguroso: a veces hay falsos testigos como Enric Marco, que presidió durante años una asociación de supervivientes de campos nazis. “Frente a los excesos, manipulaciones y mentiras, los historiadores tienen caminos muy claros: archivos, erudición y comparación”, prescribe Julián Casanova, catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza. Concede que “los recuerdos” a los que la gente llama “memoria” pueden difuminar las fronteras entre los análisis de los historiadores y las meras opiniones. “En el caso de la Guerra Civil, el boom de testimonios y divulgaciones de recuerdos ha servido para alimentar la confrontación entre historia y recuerdos; para seleccionar los puntos más calientes del debate político (no historiográfico), casi siempre centrados en la violencia, en quién mató más y cometió más barbaridades; y para convencer a la gente de que el pasado reciente no puede analizarse con objetividad”. Porque tampoco conviene a la historia desentenderse de la interpretación del pasado por la que pugna la memoria. Se ha contado que la expulsión de los judíos fue inevitable para la unificación española. “Mientras se hacía ruido con estas explicaciones”, señala Reyes Mate, “se borraban diligentemente las huellas de la milenaria presencia del pueblo judío en tierras hispanas”. Las sinagogas se reconvirtieron en iglesias y Maimónides se excluyó de la lista de pensadores españoles. “La recomendación del historiador contemporáneo de que nos atengamos a la explicación objetiva de los hechos sería la última edición de la misma estrategia interpretativa del vencedor”, concluye Mate, que suscribe las palabras de Walter Benjamin: “La memoria abre expedientes que la ciencia da por archivados”.

Protagonistas de la actualidad

Como estaba previsto, el referéndum celebrado el domingo en Crimea resultó en un respaldo apabullante (el 97%) a la ruptura con Ucrania. Al margen —aunque no sea marginal— de la ocupación de las tropas rusas, la desaparición de activistas proucranios, la censura, las amenazas y las irregularidades (empezando por la propia convocatoria de la consulta), estaba claro que la mayoría de la población de Crimea, de origen ruso, refrendaría la maniobra del Kremlin para anexionarse la estratégica península del mar Negro.

Y como también estaba previsto, la Unión Europea y Estados Unidos no reconocen el resultado de una consulta ilegal y han comenzado a imponer las primeras —y tímidas— sanciones (prohibición de viajes y congelación de bienes) a una veintena de políticos y empresarios rusos y ucranios. Kiev, mientras tanto, asiste impotente a la ruptura del territorio.

Hasta aquí llegan los elementos predecibles. A partir de ahora solo caben las conjeturas sobre la próxima jugada del presidente ruso, Vladímir Putin. Y los preámbulos no son nada tranquilizadores. Moscú se declara dispuesto a “proteger a las comunidades rusas” del sureste de Ucrania, donde está alentando movilizaciones separatistas en Donetsk y Jarkiv, mientras pone en marcha ejercicios militares en la frontera y sus tropas se aventuran más allá de Crimea. Putin amaga y golpea porque sabe que nadie en Occidente va a responderle con sus mismas armas. De momento, además de hacerse con Crimea, su popularidad se ha disparado en Rusia al 70%.
Ahora bien, esta partida se está librando a medio y largo plazo. Y ahí Putin puede llevar las de perder. Su agresividad no solo ha provocado el plante de la hasta ahora contemporizadora Angela Merkel, sino que está precipitando una serie de cambios en la estrategia energética que van a acelerar inevitablemente la pérdida de influencia de Rusia. La diversificación de las fuentes de energía y la reducción de la dependencia del gas ruso estará en la mesa del Consejo Europeo del jueves. Y en este nuevo mapa, Estados Unidos puede desempeñar un papel determinante. En el aire está también la presencia de Moscú en el G-8.

Putin se está aislando, y no solo de Occidente. Su temeridad ha puesto en alerta a los Gobiernos aliados de las repúblicas centroasiáticas. Ni el juego sucio ni las maniobras imperiales parecen ser la forma más adecuada de ganarse lealtades en un mundo cada más interdependiente. Esa desconfianza de los vecinos, unida al mal desempeño de la economía rusa, puede lastrar su apuesta por la Unión Euroasiática. A nadie se le escapa que las bravuconadas de Putin tienen también como objetivo asentar su poder interno. Pero esgrimir el orgullo nacionalista tiene sin duda sus limitaciones cuando el país se va estancando en el declive y el inmovilismo.