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lunes, 24 de marzo de 2014
martes, 18 de marzo de 2014
Los escritores de novela historica
(Daroca, 1957). Profesor de Historia y escritor. Licenciado en Filosofía y Letras, se doctoró en Historia por la Universidad de Zaragoza, en la que es profesor de historia medieval. Su labor de investigación se recoge en diferentes estudios históricos, muchos de los cuales están referidos a su ciudad natal (Historia de Daroca, las ferias de Daroca, la Comunidad de aldeas de Daroca en los siglos XIII y XIV, etc.) o a tierras aragonesas (Cartulario de Alaón (Huesca) (ed.), La cultura islámica en Aragón (ed.), La Seo del Salvador (coord.), Historia contada de Aragón.
Ha dirigido, además, programas radiofónicos y escrito guiones para documentales entre los que destaca la Historia de Aragón en vídeo, de la que es también el director histórico, labor que mereció en 1992 la medalla de plata en el XXXIV Festival Internacional de Vídeo y Televisión de Nueva York. Por otra parte, fue asesor histórico de la película de Ridley Scott 1492. La conquista del Paraíso.
En el campo de la narrativa, ha cultivado fundamentalmente la novela histórica, con El salón dorado (1996), El amuleto de bronce (1998) y El invierno de la Corona (1999) o El Cid (2000), editadas por Edhasa.
El salón dorado sitúa la acción en el siglo XI y narra la historia de un esclavo de origen eslavo al que los avatares de la existencia le harán conocer los grandes centros culturales del saber medieval en la cuenca del Mediterráneo. Tras servir en la biblioteca del patriarca de Constantinopla, pasará a la vaticana y de allí a Zaragoza cuando se está construyendo la Aljafería. En esta ciudad obtendrá la libertad, conocerá el amor y ocupará altos cargos en la corte de al-Muqtadir, donde vivirá la decadencia del reino.
El amuleto de bronce es una biografía novelada de Gengis Kan (1162-1227). Corral ha realizado una importante labor de documentación para llegar a penetrar en la verdadera dimensión de un personaje cuya grandeza histórica se ha visto eclipsada por su leyenda negra. Uno de los grandes aciertos de la novela es el contraste psicológico que se establece entre el protagonista, analfabeto, nómada y guerrero, y el narrador de la historia, un intelectual sedentario y ciudadano.
El invierno de la Corona: Pedro el Ceremonioso, transcurre en el siglo xiv en diferentes ciudades del Mediterráneo entre las que se encuentra Zaragoza y, en ella, de nuevo la Aljafería (sobre todo, el salón que edificó Pedro IV). El protagonista, el notario real Jerónimo de Santa Pau, con la colaboración del Canciller, se ve en la necesidad de abortar una conjura contra el rey encabezada por dos comerciantes catalanes a quienes apoya la reina Sibila de Forciá. Estos pretenden que el reino emprenda una cruzada para conquistar los Santos Lugares y abrir una nueva ruta comercial con Asia.
Su última novela, publicada en 2000, es El Cid, centrada en el histórico y a la vez mítico personaje al que intenta situar en su tiempo tal y como pudieron verle sus contemporáneos, a la vez que se adentra en el carácter del personaje.
Pero no son éstas las únicas incursiones en la narrativa realizadas por José Luis Corral. En 1998, se acerca a la literatura infantil con El corazón rojo (Egido Editorial), relato corto escrito para sus hijos que pretende devolver la fantasía a los lectores jóvenes. Un año más tarde publica en la misma editorial El espejo griego, novela de amor y desencanto político con el transfondo histórico de la transición.
Literatura clasica
Julia Junila Layetana nació el año 73 en Barcino, en el extremo occidental del Imperio Romano, en tiempos de Vespasiano. Hija de Marco Didio Falco, un detective encargado de resolver misterios y asesinatos, su madre literaria es Lindsey Davis, creadora de 20 títulos protagonizadas por este informante con pasado de legionario. Del 11 al 16 de noviembre Didio Falco y su hija Julia, volverán a pasear por Barcino. Será durante la primera edición de Barcelona Novela Històrica, unas jornadas que nacen dentro de los fastos del tricentenario de 1714.
Comisariada por el periodista Enric Calpena, los encuentros y mesas redondas intentarán responder a preguntas sobre este género que cada vez tiene más adeptos en España. Temas como: ¿Cuáles son los límites de la novela histórica, entre la documentación y la imaginación? ¿Barcelona escenario o protagonista? ¿Es posible la novela histórica gráfica? ¿Son mejores las sagas o las novelas únicas? y ¿qué leen los autores de novela histórica?, entre otros.
Entre los invitados, autores como Albert Sánchez Piñol (Victus), Alfred Bosch (1714), Jaume Clotat y David de Montserrat (Lliures o morts), además de Edward Rutherfurd, autor de novelas en las que narra la historia de ciudades como Nueva York, Londres y París, a través de sagas familiares; José Luis Corral (El médico hereje, ¡Independencia!), Ildefonso Arenas (Álava) o Lindsey Davis que recogerá el primer Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, el miércoles 13.
Si Mont Llibre y la BCNegra nacieron del Any del Llibre; las jornadas lo hacen con la intención de perpetuar el tricentenario más allá de 2014. Ya se trabaja en el tema del año que viene: el fin de la I Guerra Mundial y los 2.000 años de la muerte de Augusto. El presupuesto de las jornadas es de 97.400 euros (similar al de BCNegra), de los cuales 8.000 son para el comisario Calpena.
Veinticinco galeras partieron del puerto de Málaga con destino a Orán rumbo a uno de los naufragios más terribles que se recuerdan. La preparación del viaje debió durar días, tal vez semanas. El trayecto apenas unas horas en las que el mar se fue enrareciendo, volviéndose más oscuro hasta apoderarse de una blancura que desató la tragedia. El 19 de octubre de 1562, un fuerte viento forzó a las galeras a refugiarse en la bahía de La Herradura (Granada). Un nuevo cambio inesperado en el mar convirtió el lugar en una tumba de sal para cerca de 5.000 hombres. La fuerza del oleaje llevó las embarcaciones hacia las rocas y fueron chocando unas con otras hasta irse a pique. “Fue un naufragio del que poco se sabe, pese a que fallecieron casi 5.000 personas”, explica el escritor Andrés Cárdenas (Bailén, 1954), que acaba de publicar Luna de octubre en la editorial Port Royal, una novela inspirada en la tragedia de la que se cumplen 450 años.
El motivo por el que apenas existen datos sobre lo ocurrido fue el secretismo con el que fue tratado el asunto desde un primer momento. “Felipe II lo ocultó. No quería que los espías de los turcos y berberiscos que había en la Corte se enteraran de que España se había quedado prácticamente sin flota en el Mediterráneo”, explica Cárdenas. A este hecho se unió que pocos años después sucedió el desastre de la Armada Invencible, que acaparó toda la atención de los historiadores. Pese a ello, un antiguo poema de Antonio Moyano relata la tragedia e incluso Miguel de Cervantes la menciona en el Quijote.
“Existen muchísimas preguntas que nunca han sido contestadas y que difícilmente podrán serlo. El capitán general que mandaba la flota era Don Juan de Mendoza. Se le rebelaron los capitanes italianos que iban en otros barcos y también los galeotes. Eso contribuyó a que el desastre fuera mayor”, aclara el escritor, que ha realizado un amplio trabajo de documentación para reconstruir la historia del hundimiento y de uno de los personajes que lograron salvarse (fueron 2.000 los supervivientes), el grumete Martín de Figueroa, que en la novela de Cárdenas es la voz que narra el suceso.
Martín de Figueroa era el grumete del capitán general que mandaba la flota hundida, además de ayudante del cirujano de la Capitanía, mamporrero de caballos y golilla en la biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, entre otros quehaceres. “Se trata de un bibliófilo empedernido que logra juntar una importante biblioteca. He procurado que la novela fuera un homenaje al libro en esta época en la que los apocalípticos apuestan por la desaparición del papel”, señala su autor.
La novela tiene otras reivindicaciones, como la autoría de El Lazarillo de Tormes. “Fue obra de Diego Hurtado de Mendoza y se publicó como anónima porque no podía firmarla al ser diplomático y por miedo a la Santa Inquisición”, asegura Cárdenas, que manifiesta de este modo su apoyo a una de las teorías que con los años han ido tomando más fuerza sobre la autoría del popular libro.
El empeño de Cárdenas con su novela ha sido el de “rescatar un trozo de la historia” que ha quedado sepultado por el tiempo, como si jamás hubiera sucedido. Resulta sorprendente el desconocimiento de una tragedia marítima tan enorme, mucho más si se tiene en cuenta que en el hundimiento del Titanic fallecieron 1.500 personas, lo que forjó una leyenda inmensa. “Los 5.000 muertos de La Herradura como poco merecen ser recordados”, asegura Cárdenas, que recomienda un trabajo de María del Carmen Calero, catedrática de Historia de la Universidad de Granada, en el que se da buena cuenta de lo sucedido aquel día. “Me he basado en gran parte en sus investigaciones para hilar una historia en la que no faltan las pasiones, la venganza y el amor. El protagonista es un muchacho que logró sobrevivir y al que le suceden muchas peripecias relacionadas con el tiempo en el que vivió”.
Se trata de la segunda novela histórica de Cárdenas, que trabaja como periodista. En la anterior, titulada El cántaro roto, profundizó en la batalla de Bailén, su ciudad de origen. Ahora se ha decidido por un libro que está lleno de homenajes, no solo a las víctimas, sino también a las obras de aventuras que han jalonado la vida lectora de su autor cuando era un joven al que atraían las historias y los libros. "El Conde de Montecristo, La isla del tesoro, Robinson Crusoe… De todo eso hay un poco. Es una novela de corte clásico que he tratado que sea amena y en la que me he permitido alguna que otra licencia humorística, algo de lo que cada día es más difícil prescindir, aunque sea en una tragedia como esta", concluye.
Comisariada por el periodista Enric Calpena, los encuentros y mesas redondas intentarán responder a preguntas sobre este género que cada vez tiene más adeptos en España. Temas como: ¿Cuáles son los límites de la novela histórica, entre la documentación y la imaginación? ¿Barcelona escenario o protagonista? ¿Es posible la novela histórica gráfica? ¿Son mejores las sagas o las novelas únicas? y ¿qué leen los autores de novela histórica?, entre otros.
Entre los invitados, autores como Albert Sánchez Piñol (Victus), Alfred Bosch (1714), Jaume Clotat y David de Montserrat (Lliures o morts), además de Edward Rutherfurd, autor de novelas en las que narra la historia de ciudades como Nueva York, Londres y París, a través de sagas familiares; José Luis Corral (El médico hereje, ¡Independencia!), Ildefonso Arenas (Álava) o Lindsey Davis que recogerá el primer Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, el miércoles 13.
Si Mont Llibre y la BCNegra nacieron del Any del Llibre; las jornadas lo hacen con la intención de perpetuar el tricentenario más allá de 2014. Ya se trabaja en el tema del año que viene: el fin de la I Guerra Mundial y los 2.000 años de la muerte de Augusto. El presupuesto de las jornadas es de 97.400 euros (similar al de BCNegra), de los cuales 8.000 son para el comisario Calpena.
Veinticinco galeras partieron del puerto de Málaga con destino a Orán rumbo a uno de los naufragios más terribles que se recuerdan. La preparación del viaje debió durar días, tal vez semanas. El trayecto apenas unas horas en las que el mar se fue enrareciendo, volviéndose más oscuro hasta apoderarse de una blancura que desató la tragedia. El 19 de octubre de 1562, un fuerte viento forzó a las galeras a refugiarse en la bahía de La Herradura (Granada). Un nuevo cambio inesperado en el mar convirtió el lugar en una tumba de sal para cerca de 5.000 hombres. La fuerza del oleaje llevó las embarcaciones hacia las rocas y fueron chocando unas con otras hasta irse a pique. “Fue un naufragio del que poco se sabe, pese a que fallecieron casi 5.000 personas”, explica el escritor Andrés Cárdenas (Bailén, 1954), que acaba de publicar Luna de octubre en la editorial Port Royal, una novela inspirada en la tragedia de la que se cumplen 450 años.
El motivo por el que apenas existen datos sobre lo ocurrido fue el secretismo con el que fue tratado el asunto desde un primer momento. “Felipe II lo ocultó. No quería que los espías de los turcos y berberiscos que había en la Corte se enteraran de que España se había quedado prácticamente sin flota en el Mediterráneo”, explica Cárdenas. A este hecho se unió que pocos años después sucedió el desastre de la Armada Invencible, que acaparó toda la atención de los historiadores. Pese a ello, un antiguo poema de Antonio Moyano relata la tragedia e incluso Miguel de Cervantes la menciona en el Quijote.
“Existen muchísimas preguntas que nunca han sido contestadas y que difícilmente podrán serlo. El capitán general que mandaba la flota era Don Juan de Mendoza. Se le rebelaron los capitanes italianos que iban en otros barcos y también los galeotes. Eso contribuyó a que el desastre fuera mayor”, aclara el escritor, que ha realizado un amplio trabajo de documentación para reconstruir la historia del hundimiento y de uno de los personajes que lograron salvarse (fueron 2.000 los supervivientes), el grumete Martín de Figueroa, que en la novela de Cárdenas es la voz que narra el suceso.
Martín de Figueroa era el grumete del capitán general que mandaba la flota hundida, además de ayudante del cirujano de la Capitanía, mamporrero de caballos y golilla en la biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, entre otros quehaceres. “Se trata de un bibliófilo empedernido que logra juntar una importante biblioteca. He procurado que la novela fuera un homenaje al libro en esta época en la que los apocalípticos apuestan por la desaparición del papel”, señala su autor.
La novela tiene otras reivindicaciones, como la autoría de El Lazarillo de Tormes. “Fue obra de Diego Hurtado de Mendoza y se publicó como anónima porque no podía firmarla al ser diplomático y por miedo a la Santa Inquisición”, asegura Cárdenas, que manifiesta de este modo su apoyo a una de las teorías que con los años han ido tomando más fuerza sobre la autoría del popular libro.
El empeño de Cárdenas con su novela ha sido el de “rescatar un trozo de la historia” que ha quedado sepultado por el tiempo, como si jamás hubiera sucedido. Resulta sorprendente el desconocimiento de una tragedia marítima tan enorme, mucho más si se tiene en cuenta que en el hundimiento del Titanic fallecieron 1.500 personas, lo que forjó una leyenda inmensa. “Los 5.000 muertos de La Herradura como poco merecen ser recordados”, asegura Cárdenas, que recomienda un trabajo de María del Carmen Calero, catedrática de Historia de la Universidad de Granada, en el que se da buena cuenta de lo sucedido aquel día. “Me he basado en gran parte en sus investigaciones para hilar una historia en la que no faltan las pasiones, la venganza y el amor. El protagonista es un muchacho que logró sobrevivir y al que le suceden muchas peripecias relacionadas con el tiempo en el que vivió”.
Se trata de la segunda novela histórica de Cárdenas, que trabaja como periodista. En la anterior, titulada El cántaro roto, profundizó en la batalla de Bailén, su ciudad de origen. Ahora se ha decidido por un libro que está lleno de homenajes, no solo a las víctimas, sino también a las obras de aventuras que han jalonado la vida lectora de su autor cuando era un joven al que atraían las historias y los libros. "El Conde de Montecristo, La isla del tesoro, Robinson Crusoe… De todo eso hay un poco. Es una novela de corte clásico que he tratado que sea amena y en la que me he permitido alguna que otra licencia humorística, algo de lo que cada día es más difícil prescindir, aunque sea en una tragedia como esta", concluye.
Cine de la gran guerra
A pesar de que se conmemore el centenario de su inicio, la Gran Guerra es un recuerdo lejano. En los años veinte, en cambio, el mundo vivía sus trágicas consecuencias y los Estados Unidos no eran una excepción. Aunque sus costes humanos no fueron equiparables a los millones de muertos sufridos por las potencias europeas, se superaron los 100.000 fallecidos y desaparecidos. La inversión económica realizada, además, se estimó como la tercera mayor de entre todas las fuerzas en conflicto.
Según historiadores como Nicholas J. Cull, la ciudadanía se sentía decepcionada tras la guerra. Las encuestas reflejaban que la intervención en la contienda se consideraba un error. Esta opinión mayoritaria reforzó a los sectores políticos aislacionistas, que impidieron la entrada de EEUU en la Sociedad de las Naciones, el antecedente de la ONU creado en 1919. Todo ello favoreció que el Hollywood de entreguerras destacase por algunas miradas más realistas, y humanistas, al conflicto armado.
Antibelicismo... y fascinación por la tecnología
Obras propagandísticas como Corazones del mundo (1918) habían justificado la intervención militar estadounidense, dibujando a un enemigo deshumanizado y terrible. Pero en el nuevo contexto se abrieron camino otro tipo de proyectos. El gran desfile (1925), por ejemplo, fue un gran éxito comercial que contribuyó a modernizar la visión de la guerra en la gran pantalla.
Sin novedad en el frente (1930) fue aún más allá al mostrar la brutalidad de la lucha, los miembros seccionados y cuerpos volatilizados por el uso de armamento pesado. Lo hacía, como Cuatro hijos (1928), asumiendo el punto de vista alemán. Una y otra proyectaban con mayor o menor rotundidad el rechazo a la guerra, vista como un fenómeno destructor que destrozaba las vidas de los movilizados y de sus seres queridos.
Poco después se filmó la primera adaptación cinematográfica de Adiós a las armas (1932), una novela donde Ernest Hemingway volcaba su desencanto hacia un conflicto que había vivido como voluntario de la Cruz Roja. Con todo, el antibelicismo era una tendencia apreciable pero no hegemónica. Sin novedad en el frente recibió el galardón a la mejor película otorgado por la Academia. Pero Alas (1927), que mostraba a los pilotos prácticamente como caballeros que se batían en duelo, recibió el mismo galardón.
Ambos filmes, como El gran desfile o Adiós a las armas , se situaron entre las tres producciones más taquilleras de sus respectivos años de estreno. También lo consiguió la beligerante Ángeles del infierno (1930), otra superproducción sobre aviadores fascinada por la tecnología armamentística. En ella, los únicos discursos pacifistas eran pronunciados por un cobarde y un anarquista callejero. Cuando el campo de batalla era el cielo, lejos del barro y la sangre de las trincheras, resultaba más fácil idealizarlo.
En unos años, el mundo del cine comenzaría a reorientarse hacia el intervencionismo. Algunos cineastas llamaron a la defensa de la España republicana, generando incomodidad en una industria con vocación exportadora. Bloqueo (1938), por ejemplo, terminaba con un monólogo desesperado del personaje protagonista pidiendo ayuda internacional.
Posteriormente, llegarían las primeras muestras de cine antinazi, con Warner Brothers como productora destacada. Algunas obras transcurrirían de nuevo en la Primera Guerra Mundial, ya sin ánimo reconciliador: The fighting 69th (1940) o El sargento York (1940) pretendía justificar una nueva confrontación con Alemania. Los responsables de esta última incluso afrontaron una comisión del Senado, que les investigó por difusión de propaganda probélica. El gran dictador (1940), de Charles Chaplin, también despertó controversias. Pero el ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbor provocó que el país virase hacia el intervencionismo.
Con el apoyo gubernamental, Hollywood vendió lucha y patriotismo para todos los públicos y en todos los géneros cinematográficos. Los relatos sobre sus costes humanos quedaron en suspenso, y la deriva antibelicista del cine de entreguerras se convirtió en un raro oasis. Las décadas posteriores vendrían marcadas por el anticomunismo, la Guerra Fría y sus ramificaciones en Corea y Vietnam.
Según historiadores como Nicholas J. Cull, la ciudadanía se sentía decepcionada tras la guerra. Las encuestas reflejaban que la intervención en la contienda se consideraba un error. Esta opinión mayoritaria reforzó a los sectores políticos aislacionistas, que impidieron la entrada de EEUU en la Sociedad de las Naciones, el antecedente de la ONU creado en 1919. Todo ello favoreció que el Hollywood de entreguerras destacase por algunas miradas más realistas, y humanistas, al conflicto armado.
Antibelicismo... y fascinación por la tecnología
Obras propagandísticas como Corazones del mundo (1918) habían justificado la intervención militar estadounidense, dibujando a un enemigo deshumanizado y terrible. Pero en el nuevo contexto se abrieron camino otro tipo de proyectos. El gran desfile (1925), por ejemplo, fue un gran éxito comercial que contribuyó a modernizar la visión de la guerra en la gran pantalla.
Sin novedad en el frente (1930) fue aún más allá al mostrar la brutalidad de la lucha, los miembros seccionados y cuerpos volatilizados por el uso de armamento pesado. Lo hacía, como Cuatro hijos (1928), asumiendo el punto de vista alemán. Una y otra proyectaban con mayor o menor rotundidad el rechazo a la guerra, vista como un fenómeno destructor que destrozaba las vidas de los movilizados y de sus seres queridos.
Poco después se filmó la primera adaptación cinematográfica de Adiós a las armas (1932), una novela donde Ernest Hemingway volcaba su desencanto hacia un conflicto que había vivido como voluntario de la Cruz Roja. Con todo, el antibelicismo era una tendencia apreciable pero no hegemónica. Sin novedad en el frente recibió el galardón a la mejor película otorgado por la Academia. Pero Alas (1927), que mostraba a los pilotos prácticamente como caballeros que se batían en duelo, recibió el mismo galardón.
Ambos filmes, como El gran desfile o Adiós a las armas , se situaron entre las tres producciones más taquilleras de sus respectivos años de estreno. También lo consiguió la beligerante Ángeles del infierno (1930), otra superproducción sobre aviadores fascinada por la tecnología armamentística. En ella, los únicos discursos pacifistas eran pronunciados por un cobarde y un anarquista callejero. Cuando el campo de batalla era el cielo, lejos del barro y la sangre de las trincheras, resultaba más fácil idealizarlo.
En unos años, el mundo del cine comenzaría a reorientarse hacia el intervencionismo. Algunos cineastas llamaron a la defensa de la España republicana, generando incomodidad en una industria con vocación exportadora. Bloqueo (1938), por ejemplo, terminaba con un monólogo desesperado del personaje protagonista pidiendo ayuda internacional.
Posteriormente, llegarían las primeras muestras de cine antinazi, con Warner Brothers como productora destacada. Algunas obras transcurrirían de nuevo en la Primera Guerra Mundial, ya sin ánimo reconciliador: The fighting 69th (1940) o El sargento York (1940) pretendía justificar una nueva confrontación con Alemania. Los responsables de esta última incluso afrontaron una comisión del Senado, que les investigó por difusión de propaganda probélica. El gran dictador (1940), de Charles Chaplin, también despertó controversias. Pero el ataque japonés a la base norteamericana de Pearl Harbor provocó que el país virase hacia el intervencionismo.
Con el apoyo gubernamental, Hollywood vendió lucha y patriotismo para todos los públicos y en todos los géneros cinematográficos. Los relatos sobre sus costes humanos quedaron en suspenso, y la deriva antibelicista del cine de entreguerras se convirtió en un raro oasis. Las décadas posteriores vendrían marcadas por el anticomunismo, la Guerra Fría y sus ramificaciones en Corea y Vietnam.
lunes, 17 de marzo de 2014
Lexico y Ortografia
Sin turbulencias internas, con el conciliador Carlo Ancelotti, el Madrid pasa por un periodo de exaltación. Tiene hambre. No le puede la rutina, no hay apatías y el virus FIFA afecta a otros. A falta de rematar una faena grande —ante el Barça el próximo día 23, por ejemplo—, el equipo transita firme y autoritario. Al revés que a su clásico rival, no hay quien le baje el pistón y el Madrid se toma a pecho cada asalto. Frente al Levante no fue una excepción. El Madrid jugó con la firmeza necesaria, y a ratos más que bien. Cristiano despejó rápido cualquier duda con un magnífico tanto, le secundó Marcelo con un gol de mucha clase y del resto se encargó el equipo granota. A la hora, David Navarro se excedió en una entrada por detrás a CR, cuando no había peligro alguno para su portería, y luego Nikos tuvo un ataque de pánico y sin una camisa blanca en su radar embocó en su portería. Con todo bajo control, Ramos se ganó la tarjeta que tanto quería para limpiarse el encuentro del sábado en Málaga y llegar sin condenas al clásico. La inquietud para el Madrid pudo ser la lesión de Carvajal, que se desplomó solo al final, y con Arbeloa en la enfermería, pero no fue alarmante.
REAL MADRID, 3- LEVANTE, 0
Real Madrid: Diego López; Carvajal, Varane (Nacho, m. 69), Sergio Ramos, Marcelo; Modric (Isco, m. 74), Xabi Alonso, Di María; Bale, Benzema (Jesé, m. 83), y Cristiano. No utilizados: Casillas; Pepe, Illarra y Morata.
Levante: Keylor Navas; Vyntra, David Navarro, Juanfran, Nikos; Pedro López, Sergio Pinto (Nagore, m. 74), Sissoko, Pallardó (El Adoua, m. 69), Ivanschitz; y Barral (Ángel, m. 87). No utilizados: Jiménez; El Zhar, Rubén García y Xumetra.
Goles: 1-0. M. 11. Cristiano. 2-0. M. 49. Marcelo. 3-0. M. 81. Nikos, en propia puerta.
Árbitro: Iglesias Villanueva. Expulsó con tarjeta roja directa a David Navarro (m. 64). Amonestó a Sergio Ramos, Di María, Vyntra y Pallardó.
Unos 75.000 espectadores en el Bernabéu.
Bien hizo el Madrid en no descuidarse ante el Levante, uno de esos contrincantes que puede resultar ulceroso para cualquiera. Se atrinchera y no concede nada, salvo la pelota, que no es de su reino. Joaquín Caparrós no se recata, descuelga laterales al medio campo (Pedro López) y se blinda con tres medios defensivos (Sissoko, Sergio y Pallardó). Y al menor despiste, ahí está Keylor Navas, mucho portero, una de las grandes sensaciones de la Liga. Lo confirmó con creces en Chamartín, donde solo se vio superado por dos grandes goles y un churrazo de su compañero Nikos en propia puerta.
No se demoró el Madrid, en el que no cabe la desidia. Abrumador de inicio, encontró la primera solución en Cristiano Ronaldo, que se colgó de los cielos para rematar con un frentazo un córner lanzado por Di María. Le querían anudar Sissoko, que tiene techo de pívot, y David Navarro, que no es un caramelo. Nada que hacer. Cuando el portugués coge batida es Hércules con muelles, alguien capaz de suspenderse en el espacio, cabecear duro y a la esquina. Una solución a la altura de Cristiano. Un dato demoledor define los planetas del Real Madrid y el Levante: 24 tantos lleva CR en Liga, solo dos más todo el conjunto granota.
Sergio Ramos consiguió la tarjeta que quería para llegar limpio al clásico del día 23
La diana de Cristiano a los 10 minutos puso en jaque al Levante, al que si le dejan masticar los encuentros acaba por negar a cualquiera. Por algo circula sin sobresaltos en zonas muy templadas de la clasificación. En el Bernabéu no se descompuso hasta el segundo tramo, pese al temprano gol en contra. Mantuvo el formato y padeció algún agobio de más por la poca aplicación defensiva de Ivanschitz, un notición en un grupo de Caparrós. Lo advirtió el Madrid, que cargó el juego con diagonales sobre el costado izquierdo de la defensa levantina. Por mucho que el técnico andaluz quisiera incomodar a Alonso con Sergio Pinto como vigía, el tolosarra y Sergio Ramos, que tienen pierna fuerte y toque ajustado, insistieron con machaconería por esa ruta. Carvajal lo aprovechó mejor que Bale, algo pálido, sin el martillo de otras jornadas. En el otro costado, hasta el despegue absoluto de Marcelo tras el descanso, Di María hizo de todo.
Lo único malo para el Madrid, la lesión de Carvajal, de los mejores junto a Marcelo
Con Keylor Navas como paladín —espectacular su parada con las yemas de los dedos a un cabezazo de Benzema que rebotó en un poste— y Diego López en la hamaca, el Madrid se retiró al camerino sin otro susto que el que se llevó Varane, feliz en su regreso, al que Ivanschitz pateó sin venir a cuento la rodilla derecha. Por suerte para el francés, no tuvo consecuencias. La única falta gravosa junto a la posterior de David Navarro que le costó la roja. Antes, Marcelo, desatado tras el descanso, llegó como un tiro por la izquierda, le asistió Cristiano, sacó la cadena a un defensor con un amago y clavó la pelota en la red con la derecha. Imparable hasta para Keylor, que tiene reflejos para casi todo.
REAL MADRID, 3- LEVANTE, 0
Real Madrid: Diego López; Carvajal, Varane (Nacho, m. 69), Sergio Ramos, Marcelo; Modric (Isco, m. 74), Xabi Alonso, Di María; Bale, Benzema (Jesé, m. 83), y Cristiano. No utilizados: Casillas; Pepe, Illarra y Morata.
Levante: Keylor Navas; Vyntra, David Navarro, Juanfran, Nikos; Pedro López, Sergio Pinto (Nagore, m. 74), Sissoko, Pallardó (El Adoua, m. 69), Ivanschitz; y Barral (Ángel, m. 87). No utilizados: Jiménez; El Zhar, Rubén García y Xumetra.
Goles: 1-0. M. 11. Cristiano. 2-0. M. 49. Marcelo. 3-0. M. 81. Nikos, en propia puerta.
Árbitro: Iglesias Villanueva. Expulsó con tarjeta roja directa a David Navarro (m. 64). Amonestó a Sergio Ramos, Di María, Vyntra y Pallardó.
Unos 75.000 espectadores en el Bernabéu.
Bien hizo el Madrid en no descuidarse ante el Levante, uno de esos contrincantes que puede resultar ulceroso para cualquiera. Se atrinchera y no concede nada, salvo la pelota, que no es de su reino. Joaquín Caparrós no se recata, descuelga laterales al medio campo (Pedro López) y se blinda con tres medios defensivos (Sissoko, Sergio y Pallardó). Y al menor despiste, ahí está Keylor Navas, mucho portero, una de las grandes sensaciones de la Liga. Lo confirmó con creces en Chamartín, donde solo se vio superado por dos grandes goles y un churrazo de su compañero Nikos en propia puerta.
No se demoró el Madrid, en el que no cabe la desidia. Abrumador de inicio, encontró la primera solución en Cristiano Ronaldo, que se colgó de los cielos para rematar con un frentazo un córner lanzado por Di María. Le querían anudar Sissoko, que tiene techo de pívot, y David Navarro, que no es un caramelo. Nada que hacer. Cuando el portugués coge batida es Hércules con muelles, alguien capaz de suspenderse en el espacio, cabecear duro y a la esquina. Una solución a la altura de Cristiano. Un dato demoledor define los planetas del Real Madrid y el Levante: 24 tantos lleva CR en Liga, solo dos más todo el conjunto granota.
Sergio Ramos consiguió la tarjeta que quería para llegar limpio al clásico del día 23
La diana de Cristiano a los 10 minutos puso en jaque al Levante, al que si le dejan masticar los encuentros acaba por negar a cualquiera. Por algo circula sin sobresaltos en zonas muy templadas de la clasificación. En el Bernabéu no se descompuso hasta el segundo tramo, pese al temprano gol en contra. Mantuvo el formato y padeció algún agobio de más por la poca aplicación defensiva de Ivanschitz, un notición en un grupo de Caparrós. Lo advirtió el Madrid, que cargó el juego con diagonales sobre el costado izquierdo de la defensa levantina. Por mucho que el técnico andaluz quisiera incomodar a Alonso con Sergio Pinto como vigía, el tolosarra y Sergio Ramos, que tienen pierna fuerte y toque ajustado, insistieron con machaconería por esa ruta. Carvajal lo aprovechó mejor que Bale, algo pálido, sin el martillo de otras jornadas. En el otro costado, hasta el despegue absoluto de Marcelo tras el descanso, Di María hizo de todo.
Lo único malo para el Madrid, la lesión de Carvajal, de los mejores junto a Marcelo
Con Keylor Navas como paladín —espectacular su parada con las yemas de los dedos a un cabezazo de Benzema que rebotó en un poste— y Diego López en la hamaca, el Madrid se retiró al camerino sin otro susto que el que se llevó Varane, feliz en su regreso, al que Ivanschitz pateó sin venir a cuento la rodilla derecha. Por suerte para el francés, no tuvo consecuencias. La única falta gravosa junto a la posterior de David Navarro que le costó la roja. Antes, Marcelo, desatado tras el descanso, llegó como un tiro por la izquierda, le asistió Cristiano, sacó la cadena a un defensor con un amago y clavó la pelota en la red con la derecha. Imparable hasta para Keylor, que tiene reflejos para casi todo.
lunes, 10 de marzo de 2014
Red y Poder
Quién manda en el mundo? ¿Qué relaciones existen entre las élites políticas y económicas de un país? ¿Cómo se articula el entramado fiscal de los más poderosos? ¿Se puede mapear el esquema transnacional del 1% que controla los flujos financieros del planeta?
En los últimos años han surgido varios proyectos, acciones o iniciativas para desvelar los secretos de las élites económicas. Proyectos que utilizan herramientas y código informático para sacarle jugo crítico al denominado big data (datos masivos), la ingente cantidad de datos generadas a diario. Proyectos que usan bases de datos en general. En España, el colectivo Manuela Lucas realizó diferentes visualizaciones sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), sus entidades gestoras, sus entidades depositarias y sus consejos de administración.
Cada vez es más evidente que desde hace tiempo hemos entrado de lleno en la era de la comunicación y la información. Con millones de personas a lo largo del mundo conectadas entre si a través de la red, creando contenidos, compartiéndolos, comunicándose entre ellos, la información generada diariamente alcanza volúmenes astronómicos. Y estos contenidos abarcan todos los ámbitos del conocimiento humano, desde recetas de cocina hasta los últimos estudios sobre computación cuántica.
Internet es sin duda la mayor biblioteca creada nunca.
Con estos volúmenes de información, muchas veces resulta imposible realizar un análisis por medio de los métodos tradicionales. Es tan grande que no podemos abstraernos para entender los datos a un nivel superior, quedándonos muchas veces en el detalle o la particularidad, sin que realmente eso contenga la información de mayor valor. Precisamente por esto, muchas veces los resultados acaban condicionados por la subjetividad de la persona que realiza el análisis.
Por este motivo pensamos que debemos apostar por el análisis objetivo de la información, usando los mecanismos que hasta ahora no hemos podido utilizar debido a las limitaciones técnicas que existían para manejar gran cantidad de datos.
En los últimos años muchas personas a lo largo de todo el mundo, han empezado a usar técnicas innovadoras para representar información que antes ni siquiera pensábamos que estuviera ahí. Se trata de la visualización de datos. Es difícil dar una explicación exacta sin que se confunda con visualización clásica, pero podría consistir en “moldear” visualmente por medio de la informática grandes masas de datos buscando patrones y tendencias que nos puedan guiar a entenderlos mejor como conjunto.
Por tanto, muchas veces los resultados sobre el análisis de unos datos o el inicio del propio análisis, está limitado por las capacidades técnicas para utilizar las herramientas que nos permiten poner en practica los métodos antes mencionados.
Nosotros intentaremos tratar todos los niveles en el proceso del análisis de la información a través de la visualización. En todos los aspectos que entendamos que están implicados, desde la generación de la información por parte de los órganos públicos o los propios ciudadanos, la calidad, disponibilidad y difusión de esta información a través de los medios más adecuados, así como los mecanismos para comprobar la veracidad y calidad de los datos, acabando en las herramientas y metodologías disponibles para manejar estos volúmenes de información.
En los últimos años han surgido varios proyectos, acciones o iniciativas para desvelar los secretos de las élites económicas. Proyectos que utilizan herramientas y código informático para sacarle jugo crítico al denominado big data (datos masivos), la ingente cantidad de datos generadas a diario. Proyectos que usan bases de datos en general. En España, el colectivo Manuela Lucas realizó diferentes visualizaciones sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), sus entidades gestoras, sus entidades depositarias y sus consejos de administración.
Cada vez es más evidente que desde hace tiempo hemos entrado de lleno en la era de la comunicación y la información. Con millones de personas a lo largo del mundo conectadas entre si a través de la red, creando contenidos, compartiéndolos, comunicándose entre ellos, la información generada diariamente alcanza volúmenes astronómicos. Y estos contenidos abarcan todos los ámbitos del conocimiento humano, desde recetas de cocina hasta los últimos estudios sobre computación cuántica.
Internet es sin duda la mayor biblioteca creada nunca.
Con estos volúmenes de información, muchas veces resulta imposible realizar un análisis por medio de los métodos tradicionales. Es tan grande que no podemos abstraernos para entender los datos a un nivel superior, quedándonos muchas veces en el detalle o la particularidad, sin que realmente eso contenga la información de mayor valor. Precisamente por esto, muchas veces los resultados acaban condicionados por la subjetividad de la persona que realiza el análisis.
Por este motivo pensamos que debemos apostar por el análisis objetivo de la información, usando los mecanismos que hasta ahora no hemos podido utilizar debido a las limitaciones técnicas que existían para manejar gran cantidad de datos.
En los últimos años muchas personas a lo largo de todo el mundo, han empezado a usar técnicas innovadoras para representar información que antes ni siquiera pensábamos que estuviera ahí. Se trata de la visualización de datos. Es difícil dar una explicación exacta sin que se confunda con visualización clásica, pero podría consistir en “moldear” visualmente por medio de la informática grandes masas de datos buscando patrones y tendencias que nos puedan guiar a entenderlos mejor como conjunto.
Por tanto, muchas veces los resultados sobre el análisis de unos datos o el inicio del propio análisis, está limitado por las capacidades técnicas para utilizar las herramientas que nos permiten poner en practica los métodos antes mencionados.
Nosotros intentaremos tratar todos los niveles en el proceso del análisis de la información a través de la visualización. En todos los aspectos que entendamos que están implicados, desde la generación de la información por parte de los órganos públicos o los propios ciudadanos, la calidad, disponibilidad y difusión de esta información a través de los medios más adecuados, así como los mecanismos para comprobar la veracidad y calidad de los datos, acabando en las herramientas y metodologías disponibles para manejar estos volúmenes de información.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Theo Franco, españoles y Segunda Guerra mundial
El 1 de abril de 1939 acabó la Guerra Civil Española y Francisco Franco se convirtió en Jefe del Estado del nuevo régimen en España. Apenas medio año después, Adolf Hitler desencadena la ofensiva sobre Polonia que producirá el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Frente a eso, Franco, que gobierna una nación en ruinas y con aún enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y guerrilleros, tiene tres opciones: situarse como enemigo de Alemania o Italia, cosa que no quiso hacer, puesto que tiene gran afinidad política e ideológica con los gobiernos de esos países, que además colaboraron de forma importante en su victoria en la Guerra Civil. Tampoco puede situarse como enemigo de las potencias occidentales aliadas, al estar rodeado de Francia y sus colonias y tener Gran Bretaña una poderosa flota que podría imponer un bloqueo. No le queda más remedio que imponer la neutralidad, coincidiendo con la misma posición que mantuvo España en la Primera Guerra Mundial. Pero las diferencias entre ambos casos eran claras. Mientras que en la Primera Guerra Mundial España se había mantenido neutral en la guerra debido al aislacionismo que había sufrido tras el desastre del 98, y por lo tanto, había desfasado su ejército, ahora se mostraba neutral debido a las consecuencias de la Guerra Civil, que había devastado los nudos de comunicaciones, industrias y ciudades. A pesar de que tenía un ejército con gran cantidad de experiencia acumulada en la Guerra Civil y material moderno de origen italiano, alemán y ruso. La única similitud que había entre ambos casos era la gran agitación interna.
No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de 'neutralidad' a otra de 'no beligerancia' el 12 de junio de 1940.
El 1 de abril de 1939 acabó la Guerra Civil Española y Francisco Franco se convirtió en Jefe del Estado del nuevo régimen en España. Apenas medio año después, Adolf Hitler desencadena la ofensiva sobre Polonia que producirá el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Frente a eso, Franco, que gobierna una nación en ruinas y con aún enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y guerrilleros, tiene tres opciones: situarse como enemigo de Alemania o Italia, cosa que no quiso hacer, puesto que tiene gran afinidad política e ideológica con los gobiernos de esos países, que además colaboraron de forma importante en su victoria en la Guerra Civil. Tampoco puede situarse como enemigo de las potencias occidentales aliadas, al estar rodeado de Francia y sus colonias y tener Gran Bretaña una poderosa flota que podría imponer un bloqueo. No le queda más remedio que imponer la neutralidad, coincidiendo con la misma posición que mantuvo España en la Primera Guerra Mundial. Pero las diferencias entre ambos casos eran claras. Mientras que en la Primera Guerra Mundial España se había mantenido neutral en la guerra debido al aislacionismo que había sufrido tras el desastre del 98, y por lo tanto, había desfasado su ejército, ahora se mostraba neutral debido a las consecuencias de la Guerra Civil, que había devastado los nudos de comunicaciones, industrias y ciudades. A pesar de que tenía un ejército con gran cantidad de experiencia acumulada en la Guerra Civil y material moderno de origen italiano, alemán y ruso. La única similitud que había entre ambos casos era la gran agitación interna.
No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de 'neutralidad' a otra de 'no beligerancia' el 12 de junio de 1940.
Acostumbrado a una guerra de posiciones fijas, sin grandes cambios estratégicos, el Ejército de Tierra español, carente de la movilidad operacional de las unidades blindadas de los grandes ejércitos europeos, carecía de experiencia en el terreno de las operaciones combinadas carros-infantería. Hay que recordar que los carros más modernos usados en la Guerra Civil fueron los rusos T-26, los germanos Panzer I (o Panzerkampfwagen I) y diversas tanquetas italianas FIAT, ya anticuados para 1940. Por tanto, un hipotético conflicto armado contra las fuerzas blindadas aliadas hubiera resultado desastroso. Incluso la Infantería española –considerada como una de las mejores del mundo tras su experiencia en la Guerra Civil Española– habría sido barrida por el ímpetu de los carros de combate modernos, los cuales España no tenía en número suficiente.
Al acabar la Guerra Civil se organiza el Ministerio del Ejército y el de Marina, creándose el del Aire. Se restablecen las Capitanías Generales a base de ocho Cuerpos de Ejército en la Península y dos en Marruecos.
Con el inicio del conflicto mundial, y en base a la política internacional de España, comienzan los preparativos para responder a una posible agresión exterior. Se crea la IX Región Militar y, en 1943, la Primera División Acorazada, dentro de las Fuerzas de la Reserva General.
Cuerpos de Ejército: 10.
Divisiones: 25.
Regimientos de Infantería: 81.
Regimientos de Caballería: 15.
Regimientos de Artillería: 52.
Regimientos de Ingenieros: 20.
Grupos de Intendencia: 12.
Grupos de Sanidad: 11.
Unidades de Veterinaria: 10.
Grupo de Automóviles: 12.
Compañías de Defensa Química: 12.
Regimientos de Carros: 5. + Tropas de la Reserva General.
3 Regimientos Infantería para base naval.
3 Batallones Ciclistas.
7 Tabores de Regulares.
5 Regimientos Caballería.
10 Regimientos Artillería.
3 Regimientos Transmisiones.
5 Regimientos Fortificación.
2 Batallones de Recuperación.
2 Compañías de Recuperación.
1 Compañía Intendencia.
3 Tercios de la Legión.
Al final de la II Guerra Mundial en 1945, España contaba con los siguientes efectivos militares: 300.000 soldados de tropa, 25.000 suboficiales y 25.000 jefes y oficiales. Unos efectivos bien entrenados y con la moral muy alta, pero disponiendo de un material militar anticuado, no renovado desde 1939, cuando España contaba con el apoyo de unos Gobiernos europeos desaparecidos tras el conflicto mundial.
No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de 'neutralidad' a otra de 'no beligerancia' el 12 de junio de 1940.
El 1 de abril de 1939 acabó la Guerra Civil Española y Francisco Franco se convirtió en Jefe del Estado del nuevo régimen en España. Apenas medio año después, Adolf Hitler desencadena la ofensiva sobre Polonia que producirá el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Frente a eso, Franco, que gobierna una nación en ruinas y con aún enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y guerrilleros, tiene tres opciones: situarse como enemigo de Alemania o Italia, cosa que no quiso hacer, puesto que tiene gran afinidad política e ideológica con los gobiernos de esos países, que además colaboraron de forma importante en su victoria en la Guerra Civil. Tampoco puede situarse como enemigo de las potencias occidentales aliadas, al estar rodeado de Francia y sus colonias y tener Gran Bretaña una poderosa flota que podría imponer un bloqueo. No le queda más remedio que imponer la neutralidad, coincidiendo con la misma posición que mantuvo España en la Primera Guerra Mundial. Pero las diferencias entre ambos casos eran claras. Mientras que en la Primera Guerra Mundial España se había mantenido neutral en la guerra debido al aislacionismo que había sufrido tras el desastre del 98, y por lo tanto, había desfasado su ejército, ahora se mostraba neutral debido a las consecuencias de la Guerra Civil, que había devastado los nudos de comunicaciones, industrias y ciudades. A pesar de que tenía un ejército con gran cantidad de experiencia acumulada en la Guerra Civil y material moderno de origen italiano, alemán y ruso. La única similitud que había entre ambos casos era la gran agitación interna.
No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de 'neutralidad' a otra de 'no beligerancia' el 12 de junio de 1940.
Acostumbrado a una guerra de posiciones fijas, sin grandes cambios estratégicos, el Ejército de Tierra español, carente de la movilidad operacional de las unidades blindadas de los grandes ejércitos europeos, carecía de experiencia en el terreno de las operaciones combinadas carros-infantería. Hay que recordar que los carros más modernos usados en la Guerra Civil fueron los rusos T-26, los germanos Panzer I (o Panzerkampfwagen I) y diversas tanquetas italianas FIAT, ya anticuados para 1940. Por tanto, un hipotético conflicto armado contra las fuerzas blindadas aliadas hubiera resultado desastroso. Incluso la Infantería española –considerada como una de las mejores del mundo tras su experiencia en la Guerra Civil Española– habría sido barrida por el ímpetu de los carros de combate modernos, los cuales España no tenía en número suficiente.
Al acabar la Guerra Civil se organiza el Ministerio del Ejército y el de Marina, creándose el del Aire. Se restablecen las Capitanías Generales a base de ocho Cuerpos de Ejército en la Península y dos en Marruecos.
Con el inicio del conflicto mundial, y en base a la política internacional de España, comienzan los preparativos para responder a una posible agresión exterior. Se crea la IX Región Militar y, en 1943, la Primera División Acorazada, dentro de las Fuerzas de la Reserva General.
Cuerpos de Ejército: 10.
Divisiones: 25.
Regimientos de Infantería: 81.
Regimientos de Caballería: 15.
Regimientos de Artillería: 52.
Regimientos de Ingenieros: 20.
Grupos de Intendencia: 12.
Grupos de Sanidad: 11.
Unidades de Veterinaria: 10.
Grupo de Automóviles: 12.
Compañías de Defensa Química: 12.
Regimientos de Carros: 5. + Tropas de la Reserva General.
3 Regimientos Infantería para base naval.
3 Batallones Ciclistas.
7 Tabores de Regulares.
5 Regimientos Caballería.
10 Regimientos Artillería.
3 Regimientos Transmisiones.
5 Regimientos Fortificación.
2 Batallones de Recuperación.
2 Compañías de Recuperación.
1 Compañía Intendencia.
3 Tercios de la Legión.
Al final de la II Guerra Mundial en 1945, España contaba con los siguientes efectivos militares: 300.000 soldados de tropa, 25.000 suboficiales y 25.000 jefes y oficiales. Unos efectivos bien entrenados y con la moral muy alta, pero disponiendo de un material militar anticuado, no renovado desde 1939, cuando España contaba con el apoyo de unos Gobiernos europeos desaparecidos tras el conflicto mundial.
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